martes, 29 de marzo de 2016

Trazo en el territorio inconsciente



“La fórmula para derrumbar el mundo no la fuimos a buscar en los libros, sino vagando (…) junto a cuatro o cinco personas poco recomendables (…). Aquello que habíamos comprendido no fuimos a contarlo a la televisión. No aspiramos a los subsidios de la investigación científica, ni los elogios de los intelectuales. Llevamos el aceite adonde estaba el fuego”. Debord, G.

                                                         Intervención de "LA MULTINACIONAL"  Quito-Ecuador 2015 
La acción, realizada con el colectivo artístico "La multinacional" está registrada en el siguiente vídeo: https://vimeo.com/151149997

En su momento los surrealistas estaban convencidos que “algo se escondía ahí dentro” en la ciudad, cuyo espacio urbano podía atravesarse al igual que nuestra mente, apareciendo territorios del inconsciente en estrecha relación psicológica con la realidad urbana. Deambularon en su búsqueda llegando a sentir interminable la sensación de lo maravilloso cotidiano.

 

Antes de ellos, sus predecesores, los dadaístas, ya habían comprendido que en la ciudad existen espacios que pueden ser reactivados al ser simplemente visitados. Espacios olvidados y abandonados de la ciudad, espacios banales a los que simplemente llegaban para recorrerlos, para andar en ellos; acción efímera sin ningún propósito estético consciente, pero que terminó siendo un llamado a tomarse el espacio público y abolir las fronteras entre arte y vida o entre lo estético y lo cotidiano. 

 

La acción de transitar por un espacio urbano o pasear sin finalidad por una calle fue realizada también a finales del siglo XIX por el flâneur: Dandi, burgués elegante que mata el tiempo paseando por los bulevares y maravillado por las multitudes y las máquinas de la incipiente ciudad moderna. Este personaje que fue advertido por Baudelaire y recordado más tarde por Benjamin, quizá conjugaba, de alguna manera, el carácter estético entre espacio urbano y vida cotidiana. Pero, este flâneur del bulevar parisino para David Harvey representa la figura con la que los centros urbanos empezaron un proceso de aburguesamiento donde el pobre quedó excluido; puesto que, ciertas ideas asociadas a la ciudad moderna y a sus espacios públicos tuvieron origen en la búsqueda de la racionalización y control del espacio urbano.

 

Esta característica política del espacio público fue retomada por los Situacionistas en la segunda mitad del siglo XX, quienes no sólo visitaban espacios banales como los dadaístas o deambulaban en territorios urbanos inconscientes como los surrealistas, sino, buscaban construir situaciones en la realidad cotidiana para experimentar formas de vida superiores. Era la propia realidad la que debía convertirse en algo maravilloso.Con estas acciones los situacionistas combatían la vida real alienante y aburrida; realidad que latía monótona en todos los rincones de la ciudad; pues, los valores morales y domésticos de la clase burguesa terminaron domesticando la calle; es decir, disciplinando, organizando y regularizando los usos de la ciudad por parte de sus usuarios y clases populares.

 

Quizá, estos movimientos artísticos en sus formas originales se hayan extinto de las calles. Quizá su luz requiera ser periódicamente encendida, aunque esto pueda darse, ya no, en las calles ahora intensamente disciplinadas y domesticadas de las ciudades que dieron origen a estos movimientos; sino, en ciudades donde la modernidad sólo quedó en promesa, en ciudades a medio acabar, que dejaron intactos, pero desiertos, sus centros históricos, cuyas calles nunca fueron pisadas por un contemplativo flâneur y que, son transitadas sólo por el recorrido errático de quienes la sobreviven; y así como en el mundo de los poblados y de los campos agrícolas el recorrido errático se convirtió en un trazado y, por tanto, en calle, dando lugar a la arquitectura de la ciudad, así también, quizá sea necesario, en estas ciudades, volver a trazar sus calles, recorriéndolas e iluminándolas con su propio ardor.



  • Debord, Guy, In girum imus nocte et consumimor igni (1978). Esta frase latina, atribuida al orador Sidonius Apollinaire, es un palíndromo, es decir, una frase que puede ser leída también de derecha a izquierda. Su traducción castellana sería: “Damos la vuelta toda la noche y el fuego nos consume”. Careri, Francesco, WALKSCAPES, Gusatavo Gili, Barcelona, 2013
  • Careri, Francesco, WALKSCAPES, Gusatavo Gili, Barcelona, 2013
  • Duhau, Emilio y Giglia,  Angela Las reglas del desorden: habitar la metrópoli Siglo veintiuno editores





martes, 28 de julio de 2015

Las palabras y las ciudades

"DESPUÉS DEL BANQUETE" 

Intervención dirigida por Xavier Monteys para la exposición "CIUDADES COPIADAS" en el Centro de arte contemporáneo Fabra i Coats. Barcelona Mayo 2015



Las palabras y las ciudades

 “Los deberes del 92 ya están listos” fue el título de uno de los artículos de prensa que hizo alusión a la culminación de las obras arquitectónicas previstas para la Barcelona del 92. Dicho artículo también mostró una fotografía del chef  Ángel Aso quien habría sido el encargado de elaborar la oferta gastronómica del hotel Arts en una de las torres del puerto olímpico. Con esta imagen empieza la selección de artículos y titulares como muestra del variado menú propagandístico que sirvió para degustar la Barcelona olímpica, pues cuando un producto está listo, no basta su sola presencia para ser reconocido, debe ser promovido, ofrecido y por supuesto vendido, y qué mejor que la vitrina olímpica para hacerlo. Se venden las ciudades como se venden las cosas: con palabras, y los alcaldes son los llamados a utilizarlas para promocionar sus ciudades, quedando éstas registradas en el día a día de la prensa. 

“Barcelona es la ciudad más copiada”, así se expresaba por aquel entonces el alcalde Pasqual Maragall. Enunciados como éste fueron utilizados como titulares de prensa, siendo reproducidas sus expresiones también fuera de Barcelona.“Mostraremos al mundo nuestro modelo de ciudad”, titulares que no sólo son expresiones, sino intenciones de ciudad que con anterioridad fueron elaboradas, sobre todo, por arquitectos como Oriol Bohigas; quienes incluso propusieron que Berlín siga los métodos de reforma urbana de Barcelona[1]. Los titulares trascendieron fronteras; así cuando un nuevo alcalde Joan Clos viajó a Lisboa, lo hace con la intención de “comprobar” cómo funciona el “modelo Barcelona”.

“Lo más importante es acabar las obras”[2] (Bohigas) para las olimpiadas. Todos los actores urbanos aderezaron con diferentes opiniones la receta del “modelo Barcelona” adquiriendo éste diferentes dialectos e interpretaciones, habiendo quienes pensaron que “Maragall no tiene visión de futuro” (Bofill) y sobre cuyas obras de arquitectura promocional consideraban, por ejemplo, que son horribles los rascacielos de la Villa Olímpica[3] (Meier).

De esta manera la receta de la ciudad salió del horno editorial de la prensa para ser consumida por sus ciudadanos, o copiada por cada nuevo alcalde que invitó a sus votantes a degustar  el menú agridulce del “modelo Barcelona”. 
                                                                                                                     Klever Vásquez



[1] El País  25-10-1991
[2] La Vanguardia  21-06-1991
[3] El País  31-01-1992