martes, 29 de marzo de 2016

Trazo en el territorio inconsciente



“La fórmula para derrumbar el mundo no la fuimos a buscar en los libros, sino vagando (…) junto a cuatro o cinco personas poco recomendables (…). Aquello que habíamos comprendido no fuimos a contarlo a la televisión. No aspiramos a los subsidios de la investigación científica, ni los elogios de los intelectuales. Llevamos el aceite adonde estaba el fuego”.[1]

                                                         Intervención de "LA MULTINACIONAL"  Quito-Ecuador 2015 

En su momento los surrealistas estaban convencidos que “algo se escondía ahí dentro” en la ciudad, cuyo espacio urbano podía atravesarse al igual que nuestra mente, apareciendo territorios del inconsciente en estrecha relación psicológica con la realidad urbana. Deambularon en su búsqueda llegando a sentir interminable la sensación de lo maravilloso cotidiano.[2]

Antes de ellos, sus predecesores, los dadaístas, ya habían comprendido que en la ciudad existen espacios que pueden ser reactivados al ser simplemente visitados. Espacios olvidados y abandonados de la ciudad, espacios banales a los que simplemente llegaban para recorrerlos, para andar en ellos; acción efímera sin ningún propósito estético consciente, pero que terminó siendo un llamado a tomarse el espacio público y abolir las fronteras entre arte y vida o entre lo estético y lo cotidiano.

La acción de transitar por un espacio urbano o pasear sin finalidad por una calle fue realizada también a finales del siglo XIX por el  flâneur: Dandi, burgués elegante que mata el tiempo paseando por los bulevares y maravillado por las multitudes y las máquinas de la incipiente ciudad moderna. Este personaje que fue advertido por Baudelaire y recordado más tarde por Benjamin, quizá conjugaba, de alguna manera, el carácter estético entre espacio urbano y vida cotidiana. Pero, este flâneur  del bulevar parisino para David Harvey representa la figura con la que los centros urbanos empezaron un proceso de aburguesamiento donde el pobre quedó excluido; puesto que, ciertas ideas asociadas a la ciudad moderna y a sus espacios públicos tuvieron origen en la búsqueda de la racionalización y control del espacio urbano.

Esta característica política del espacio público fue retomada por los Situacionistas en la segunda mitad del siglo XX, quienes no sólo visitaban espacios banales como los dadaístas o deambulaban en territorios urbanos inconscientes como los surrealistas, sino, buscaban construir situaciones en la realidad cotidiana para experimentar formas de vida superiores. Era la propia realidad la que debía convertirse en algo maravilloso.[3] Con estas acciones los situacionistas combatían la vida real alienante y aburrida; realidad que latía monótona en todos los rincones de la ciudad; pues, los valores morales y domésticos de la clase burguesa terminaron domesticando la calle; es decir, disciplinando, organizando y regularizando los usos de la ciudad por parte de sus usuarios y clases populares[4]

Quizá, estos movimientos artísticos en sus formas originales se hayan extinto de las calles. Quizá su luz requiera ser periódicamente encendida, aunque esto pueda darse, ya no, en las calles ahora intensamente disciplinadas y domesticadas de las ciudades que dieron origen a estos movimientos; sino, en ciudades donde la modernidad sólo quedó en promesa, en ciudades a medio acabar, que dejaron intactos, pero desiertos, sus centros históricos, cuyas calles nunca fueron pisadas por un flâneur  contemplativo y que son transitadas sólo por el recorrido errático de quienes la sobreviven; y así como  en el mundo de los poblados y de los campos agrícolas el recorrido errático se convirtió en un trazado y, por tanto, en calle, dando lugar a la arquitectura de la ciudad[5]; así también, quizá sea necesario en estas ciudades, volver a trazar sus calles recorriéndolas e iluminándolas con su propio ardor.

                                                                                         Kléver Vásquez 


La acción está registrada en el siguiente vídeo: https://vimeo.com/151149997



[1] Debord, Guy, In girum imus nocte et consumimor igni (1978). Esta frase latina, atribuida al orador Sidonius Apollinaire, es un palíndromo, es decir, una frase que puede ser leída también de derecha a izquierda. Su traducción castellana sería: “Damos la vuelta toda la noche y el fuego nos consume”. Careri, Francesco, WALKSCAPES, Gusatavo Gili, Barcelona, 2013
[2] Careri, Francesco, WALKSCAPES, Gusatavo Gili, Barcelona, 2013 Pág. 71
[3] Careri, Francesco, WALKSCAPES, Gusatavo Gili, Barcelona, 2013
[4] Duhau, Emilio y Giglia,  Angela Las reglas del desorden: habitar la metrópoli Siglo veintiuno editores
[5] Careri, Francesco, WALKSCAPES, Gusatavo Gili, Barcelona, 2013 Pág. 49

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